La red de buenos tratos es un entramado de hilos, de vías de comunicación, de relaciones entre personas que amortiguan o evitan caídas accidentales o traumas.

Buenos tratos son aquellas conductas que nosotros hacemos y recibimos de otras personas de nuestra comunidad. Todos necesitamos vivir conjuntamente, para enriquecernos, para crecer, para compartir a partir del respeto, la empatía, la coherencia…
Es una filosofía de derechos y obligaciones, es el resultado de un proceso complejo, basado en la práctica de los buenos tratos en la que interactúan diversos niveles: competencias personales, recursos comunitarios, factores contextuales, cuidado de las necesidades básicas…
El primer paso es aceptar dónde nos ha tocado vivir, el momento histórico, cultural…

Buscamos en esta red quienes pueden ser nuestros Reyes Magos ¿algún miembro de la familia ? ¿algún amigo cercano ?
Una vez situados debemos valorar como pedimos lo que deseamos, como dejamos que los demás disfruten de ofrecernos un regalo. ¿Nos complace al igual como cuando nosotros hacemos un regalo? Nos ponemos a hacer una lista, una carta a los reyes: Queridos Reyes Magos este año me gustaría….
¿Qué haremos de esta carta? la guardamos para nosotros, la ofrecemos a las personas destinatarias o simplemente podemos manifestarles nuestros deseos.
Lo importante es observar: ¿Qué nos pasa cuando hacemos este esta práctica? ¿Nos es fácil pedir? ¿Nos cuesta pedir? ¿Ponemos pocas opciones? ¿Hacemos una lista larga de opciones?

Pensemos en cómo nos sentimos cuando nosotros hacemos un regalo a otra persona, cómo disfrutamos cuando vemos a la otra persona contenta.
¿Por qué no dejamos que los demás también disfruten de este placer de hacer un regalo? ¿Cómo acompañamos a otros entendernos? ¿Cómo valoramos nuestras necesidades disfrutando de este ejercicio? ¿Y que pasa por nuestro cerebro? ¿Observamos qué sentimos, qué deseamos, cómo mejora nuestro estado con una red de buenos tratos?

Red de buenos tratos

Una parte importante de la red de buenos tratos es saber tolerar al otro y ser coherentes con nosotros mismos, nuestros valores, nuestras creencias, todo ello nos ayudará a encontrar el equilibrio y la resiliencia

Los sentimientos nos sirven para detectar nuestras necesidades, son nuestros indicadores, si los observamos nos ayudan a actuar, partiendo de nuestras expectativas, nos ayudan a mantener la red de buenos tratos que necesitamos para vivir el día a día. Cuando hacemos caso a estos indicadores nos es más fácil regular la reciprocidad de nuestras relaciones.

¿Como ajustamos estos sentimientos? A partir de la expresión del otro: la sonrisa de momentos percibidos como felices, y por el contrario el enojo cuando la relación no es respetuosa hacia nosotros… A partir de aquí establecemos el tipo de relación que queremos llevar a cabo, con la persona o grupos de personas que tenemos delante o en nuestro pensamiento.

Cuando somos conscientes de las emociones que esto nos provoca, las utilizamos de forma constructiva. Sí nosotros ignoramos nuestras angustias, nuestra ira, puede que nuestra posición social se vea debilitada, y el ambiente social que nos rodea se desequilibre, dificultando el sostén de nuestra red de buenos tratos.

Es importante conocer el estado de nuestro organismo así como el de las personas de nuestro entorno. Es una forma de aprender a regularse dentro del sistema social en el que vivimos.

Poder conectar con los demás, posibilita la adaptación necesaria a cada circunstancia, en cada momento de nuestra vida, y de las personas que tenemos al lado, esto se llama «sintonización psicobiológica» ( Field , 1985)

Por el contrario las relaciones más formales o alteradas no tienen esta capacidad de comprensión por tanto los ajustes son más laboriosos y difíciles. El propio estado interno del individuo puede estar más o menos sintonizado, cuando la información no fluye libremente, por los canales eléctricos y químicos del cuerpo, a través del cerebro y de los demás órganos, esto provoca una gran dificultad de crear una red de buenos tratos con estas personas o grupos sociales.

Las personas con una apego seguro tienen más facilidad de gestionar y conocer sus sentimientos y emociones. Por el contrario, las que tienen un apego inseguro, los merma la capacidad de elaboración de estrategias, aumenta la dificultad, ya que el manejo de sus emociones no tolera sus sentimientos y por tanto no puede gestionarlas con tanta rapidez o asertividad (Gross y Levenson , 1997), generando un trastorno del sistema, circunstancia que lleva a estados emocionales no regularizados e insatisfactorios por la propia persona, y puede provocar trastornos en el organismo como: contracciones musculares, alteraciones con la respiración, alteraciones hormonales, en el sistema inmunitario, en el sistema cardiovascular, con la posibilidad de dar una sensibilidad más allá del momento.

El proceso de crear la red de buenos tratos se inicia en la infancia, con el trato de nuestros referentes nos vamos introduciendo en el mundo emocional más sofisticado, identificando los sentimientos y dándoles una identidad, es un proceso natural de aprendizaje.

A lo largo de la vida, nuestros traumas o situaciones no queridas, no deseadas, no esperadas, nos dificultan la continuidad de nuestro aprendizaje, las buenas relaciones dependen de saber encontrar el equilibrio razonable entre identificar nuestros sentimientos y a la vez identificar los sentimientos de las otras personas, buscando el beneficio de la red de buenos tratos, haciéndonos valer de nuestras habilidades y descubriendo las habilidades de las personas que tenemos delante, aceptando lo que nos pueden aportar de manera positiva y no esperando lo que les puede ser imposible de ofrecer.

Una parte importante de la red de buenos tratos es saber tolerar al otro y ser coherentes con nosotros mismos, nuestros valores, nuestras creencias, todo ello nos ayudará a encontrar el equilibrio y la resiliencia.

Con la libertad de poder elegir los actores que participarán con nuestra red de buenos tratos, entendida esta red como escogida y que nos facilita el día a día, no siempre la red de buenos tratos se hace de manera consciente sólo la revisamos cuando encontramos dificultades de relación; nos falta un amigo para hablar, nos sentimos solos, necesitamos acompañar y que nos acompañen … dentro de esta red de buenos tratos hay diversidad de personas, esta es la riqueza de la red de buenos tratos.

Con el fin de mantener y cuidar de la red de buenos tratos necesitamos hacer un proceso de conciencia.

Propongo un ejercicio:
– Tomamos un lápiz, un papel, y dibujamos diferentes círculos, cada círculo tendrá el nombre de una persona o de un grupo social.
– Buscamos tres colores verde, el naranja, el rojo.
– Empezamos a dibujar las conexiones que hay entre las diferentes personas, los diferentes grupos, que forman nuestro entorno.
– Cogemos los colores y pintamos estos caminos, estas conexiones, las podemos clasificar de color verde indicando la facilidad de relación el beneficio o bien de color naranja o de color rojo este último nos indicará la dificultad de poder acceder, la dificultad de relación.
– Visualizamos esta imagen.
– ¿Qué sentimientos nos aporta? nos gusta, no nos gusta…
– Hacemos una pequeña valoración después de mirar la imagen que refleja en qué momento nos encontramos. Esta mirada es mucho más enriquecedora si se comparte con otras personas, escuchando su punto de vista, su opinión, sus reflexiones. Nos enriquecemos escuchando y aceptando esta opinión diferente de la nuestra. A partir de aquí tendremos más información para seguir creando nuestra red de buenos tratos.

Las neuronas espejo nos muestran la facilidad que tienen nuestros cerebros de interactuar, desde el inicio de nuestra vida, aprendemos imitando, reflejándose en el otro, desde muy pequeños ya desarrollamos la capacidad de comprender y reaccionar al comportamiento y los sentimientos de los demás y sentir sus emociones.

Como potenciamos estas neuronas espejo? si nos fijamos como lo hacen los bebés tendremos muchas pistas de cómo hacerlo. Jugando, observando al otro, buscando cuáles son sus movimientos, cuáles son sus acciones … y una tarde junto al fuego, con una buena tertulia, podemos jugar con nuestros amigos, familiares, podemos jugar a imitar y veremos que descubrimos muchas más cosas de las personas que tenemos al lado, nos conoceremos y nos dejaremos conocer, buscando la mirada del otro ..

Esperando que no se active el «cerebro emocional» En la zona donde se localiza el miedo y el sistema de autodefensa, y por el contrario se active un grado de sensibilidad y receptividad hacia el otro, una mirada social y de mutuo cooperación. Activando i potenciando la «inteligencia emocional» ( Goleman , 1996). Dentro de la inteligencia emocional recae nuestra capacidad de empatizar, es decir la capacidad de ponernos en el lugar del otro.

A mi me gusta la metáfora de los zapatos (como ya bien sabéis la resiliencia habla mucho a partir de metáforas) tener la capacidad de ponerse los zapatos del otro sin que te hagan daño, cuando estos zapatos nos hacen daño, no estamos hablando de empatizar sino de identificar.

Una de los pilares del proceso de resiliencia no se construye en soledad, y aquí la importancia de crear nuestra red de buenos tratos.

Mi agradecimiento por su colaboración en este artículo a Montse Vallés y a Belén Lamelas 🙂