Que es el apego?

«Apego» sería la manera en que el bebé vive el acompañamiento, sus primeras percepciones, sensaciones, emociones de lo que le llega de fuera, en contraste con lo que siente dentro, las primeras relaciones, cariñosas y de confort con la madre o el referente que lo cuida. Estas primeras vivencias influirán en su manera de entender y vivir en el mundo.

Bion (1967) describe el proceso por el cual el bebé, que no tiene experiencias de futuro ni del mundo exterior, vive las necesidades de manera desbordante. Una madre que sea «suficientemente sensible» comprende  la desesperación infantil, tolera la ansiedad y responde de forma que transmite comprensión. Bion la denomina «contención». El niño percibe confianza en la respuesta comprensiva de la madre y la ansiedad disminuye gracias a la experiencia de sentirse comprendido.

Uno apego seguro garantiza la mejora del entorno emocional. A lo largo de la vida, las relaciones que establezcamos ayudarán a crear conexiones neurológicas más o menos positivas. Las investigaciones de Shelley Taylor (2002) muestra como el cerebro y el sistema nervioso central participan en la producción de los cuidadores, hay la existencia de circuitos neurológicos y fisiológicos que guían nuestras conductas. Como otros circuitos biológicos que comandan la obtención de alimentos, regulan las emociones o nos hacen obtener placer sexual.

Los buenos tratos y el respeto recibidos a la infancia y a la vida adulta, generan una relación de apego bidireccional, pero asimétrico, entre el niño y los referentes adultos, esto permitirá avanzar con armonía. Es importante tener claro el concepto de asimetría, las acciones no solo van en una dirección, la madre tiene que entender a su hijo, tiene que comprender que le pasa, que necesita, que lo quita el sueño, dando respuesta a sus necesidades, sin avanzarse a las demandas, y poniendo límites si estas son excesivas.

La madre capaz de observar y captar las necesidades que tiene el niño, tiene una actitud más asertiva, por lo tanto puede ofrecerle el que necesita, y el niño poco a poco se va sintiendo más estimado, acompañado, confiado, seguro.

Para poder entender al otro hay que saber de dónde  partimos, qué han sido nuestros referentes, qué tipo de apego hemos tenido a nuestra infancia, qué vivencias nos han marcado, y de qué manera nos hemos vinculado para formar la red de buenos tratos.

El niño que recibe la respuesta a su deseo, tiene una actitud ante la madre de agradecimiento, de satisfacción, de alegría, en cambio el niño incomprendido se queda a la espera, aumentando las demandas, haciendo llamamientos de atención. Este segundo se irá sintiendo cada vez más desolado, más perdido, aumentando el enojo, ya no solo con llantos, sino con actitudes, con rabietas.

Hoy en día se sabe que un trauma emocional inhibe el funcionamiento cerebral, y que reorganizando el medio se puede ayudar a iniciar un nuevo desarrollo (Boris Cyrulnik)

Un apego seguro nunca crea dependencia, todo el contrario, los apegos inseguros son los que crean dependencia, aquella necesidad de ir a buscar aquello que uno no ha vivido, el amor incondicional, la seguridad, el empoderamiento…, por lo tanto, para tener un apego seguro, lo que necesitamos es elaborar el discurso, entender porqué si y porque no.

Un apego seguro da contención emocional y estructura a nuestra vida, miramos en qué entorno social vivimos y que es el que necesitamos para integrarnos en este mundo, para podernos vincular y crear nuestra red de buenos tratos.

Una manera de crear una buena red es saber que podemos pedir a cada persona, cuáles son sus habilidades, observando y mirando quién tenemos delante, y pedirle aquello que él puede ofrecer.

El trabajo personal nos ayudará a saber que necesitamos, o de que carecemos, para poder buscar nuestra red de apoyo, de buenos tratos, y aprender a pedirlo y recibirlo de manera positiva, entendiendo las capacidades y las limitaciones de las personas que nos rodean.

Observarnos, nos ayudará a entender como nos mostramos y resolvemos las situaciones del día a día, como gestionamos nuestras emociones.

Los tipos de apego no son estáticos, se pueden modificar con un trabajo personal de conciencia, analizando el pasado y el presente de manera positiva, situándolo en el momento social, valorando que sentían nuestros padres, que era importante en aquel momento histórico y como hoy en día aquellos condicionantes se han ido modificando. Estamos en un cambio de paradigma, antes se pensaba que con el tiempo todo se arreglaba, hoy en día, en cambio, se cree que los traumas, las situaciones mal vividas se resuelven hablando, reconstruyendo el discurso. Por lo tanto no esperamos que el tiempo lo resuelva, pongámonos las pilas y hagámoslo posible.

El apego recibido a la primera infancia nos da los apegos que nos permitirán vincularnos de una manera más o menos asertiva (seleccionando un contexto adecuado donde potenciar los aprendizajes, el inteligencia emocional, la regulación de las emociones…) y da lugar a la capacidad de resiliencia.

Agradecer el que nos ha tocado vivir y buscar la parte positiva. Al fin y al cabo, somos lo que somos, por lo que nos han dado y dejado de dar, no todas las infancias son felices, no todas las infancias son justas. Pero esto no puede determinar nuestro futuro nuestra felicidad. La lucha es constante, cada cual tiene que encontrar la manera de paliar su dolor.

El apego no es determinista todo el contrario. Crear y valorar la red de buenos tratos, vivir de manera consciente la aquí a la ahora, haciendo pequeñas acciones cada día de manera constante, buscando tiempo por nosotros y por la gente que nos rodea nos ayudará a avanzar.

Hacer más grande nuestra red de buenos tratos con personas que nos estiman y nos apoyan. La investigación hay que hacerla de dentro afuera o de fuera adentro queriéndonos a nosotros mismos mirándonos escuchando nuestros sentimientos, valorando la respuesta de los otros, todo esto nos ayudará a reparar nuestros traumas.

¿Cómo lo hacemos? nos podemos regalar un proceso terapéutico de acompañamiento, puesto que tenemos que tener en cuenta que la resiliencia no se logra en plenitud sin la mirada de los otros.

Uno de los regalos que nos podemos hacer:

Ingredientes un tarro de cristal con una tapa, lápiz y papeles de colores.

Cada vez que nos pasa una cosa positiva lo escribiremos en este papel de color y lo ponemos dentro de nuestro tarro de cristal.

Cuando lo tengamos pleno nos sentaremos buscaremos un espacio tranquilo y leeremos todo el que hemos ido escribiendo.

Este tarro de cristal lo podemos hacer con nuestra pareja, nuestros hijos, los amigos, familiares e incluso en el trabajo, y ya veréis la cantidad de cambios que se producen, estad apetentes.

Cómo toda técnica, requiere un proceso de implantación, 15 ó 20 días de manera regular, cada día, no vale que ningún evitativo nos interfiera en este proceso.

Espero que la idea os ayude en vuestro proceso.

Agradecimiento a Montse Vallès por su colaboración.

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Libros recomendados

Los buenos tratos a la infanciaparentalidad, apego y resiliencia

El dolor invisible en la infancia